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02 enero 2020

Post Marathon Blues

Feliz 2020 amig@s:

Espero este nuevo año os traiga muchos éxitos en todos los aspectos, incluyendo por supuesto el deportivo, acumulando kilómetros en las piernas y nuevas pruebas en vuestro palmarés.


Para que tengáis algo de lectura estos días os comparto el último escrito que he publicado en la revista SPORTS & HEALTH con relación a la depresión post maratón. Muchas gracias a mi amiga Pia Cabassa por compartir su experiencia, y espero que los consejos que se aportan os puedan ser de utilidad.




Para leer el artículo directamente en la revista podéis hacerlo en este ENLACE, también en las imágenes insertas a continuación o como texto simple al final de la entrada.

Abrazo fuerte y nos vemos en la Ruta!!!


FER


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DEPRESIÓN POST MARATÓN
Por Fernando Revuelta

Cada vez un mayor número de aficionados al running sufren de lo que se denomina en terminología anglosajona como “Post marathon blues”, un estado similar a la depresión que aparece después de correr un maratón, independientemente de que se haya logrado o no alcanzar el objetivo buscado. Aunque la depresión post maratón es una condición que puede afectar a cualquier corredor, resulta más frecuente en aquellos que se enfrentan por primera vez a la distancia de 42 kilómetros.

CONCEPTO Y SÍNTOMAS

La depresión post maratón se identifica con una pérdida de motivación por parte del maratonista, una sensación intensa de vacío y apatía que contrasta con la excitación y adrenalina acumulada durante las semanas previas al evento.

Entrenar para correr un maratón supone para cualquier corredor un enorme sacrificio, constancia y esfuerzo. Los maratonistas pasan meses poniendo sus rutinas diarias en función de sus entrenamientos, incluyendo entre otras la alimentación, el horario de descanso y la asistencia a eventos sociales. Todo gira en torno del maratón, ya que el maratón marca el norte de toda actividad. De manera gráfica, se podría decir que un corredor que se prepara para correr los 42 kilómetros “desayuna, almuerza y cena maratón”.

La depresión post maratón se suele presentar después de pocos días de participar en una maratón, y sus síntomas pueden durar desde unos pocos días, a varias semanas o incluso meses.

Entre los síntomas que los maratonistas describen asociados a la depresión post maratón se incluyen la falta de deseo por volver a correr, sensación de tristeza y melancolía, trastornos alimenticios –tanto por falta de apetito como por apetito descontrolado-, alteraciones del sueño y apatía para iniciar nuevos proyectos.

El fenómeno de la depresión post maratón se acrecienta en muchos casos por el hecho de que la competencia se realiza en otro país, por lo que se hace coincidir con un viaje de vacaciones. Tiene mucha lógica que después de estar de vacaciones conociendo lugares nuevos y disfrutando del paseo, se caiga en cierta depresión cuando se retorna a la rutina del trabajo o estudios.

AYUDA Y SOLUCIONES

Igual que durante los largos meses de preparación para un maratón el apoyo de familiares y amigos resulta fundamental para mantener la motivación, para superar la depresión post maratón es también muy importante contar con ese soporte y comprensión. Por ello no debe darnos vergüenza o aprehensión compartir con nuestro círculo más íntimo lo que sentimos y nos está afectando negativamente. Guardárnoslo para nosotros solos no es la solución.

Entre las acciones que se pueden tomar para sobreponerse a la depresión post maratón y que han demostrado ser efectivas se incluyen:

-       Volver a realizar ejercicio físico de manera progresiva, sin presiones y anteponiendo el carácter lúdico sobre el competitivo. Si correr no nos apetece, podemos sustituir la carrera por otras modalidades como el ciclismo, la natación o el senderismo, por ejemplo.

-       Aplicar o registrarse a otras maratones que se vayan a celebrar en un futuro no tan lejano y que puedan suponer un nuevo reto o desafío personal. Si otra maratón no nos motiva, quizás si nos estimule completar una prueba de mayor distancia (ultramaratón), una competencia de montaña en trail o un circuito de carreras.

-       Integrarse en un nuevo grupo de entrenamiento, conocer a nuevos runners y correr en lugares y rutas diferentes a los habituales para salir de la monotonía.

-       Compartir con otras personas la experiencia que vivimos durante las semanas de entrenamiento, el viaje a la prueba -si fue en el extranjero-, y la crónica de la propia competencia. Ver fotos y recordar todo el proceso que conlleva correr un maratón puede elevar nuestra autoestima y convencernos de que, independientemente de haber logrado o no el tiempo buscado, fuimos capaces de aceptar el reto que siempre supone afrontar una prueba tan dura y exigente como es la maratón.

-       Iniciar proyectos y actividades para los cuales durante meses no hemos tenido tiempo debido a la apretada agenda de entrenamientos, como reparaciones domésticas, aprender o perfeccionar un idioma, tocar un instrumento musical o hacer más vida familiar y social. Lo importante es volver a tener propósitos que den una estructura y sentido a nuestro día a día.

DESDE LA EXPERIENCIA

Personalmente no recuerdo el haber sufrido episodios de depresión post maratón durante mi trayectoria como corredor, con excepción quizás de mi primera maratón hace ya más de 30 años de la cual pocas imágenes quedan en mi mente. Quise por lo tanto pedir la colaboración de otros maratonistas para que compartieran su experiencia al convivir con este síndrome y el modo en que lo superaron. Por lo descriptivo y apasionado de su relato, os comparto la historia como maratonista de Pia Cabassa, una atleta del team Fieras muy querida dentro de la comunidad runner, la cual sirve de magnífico ejemplo de la montaña rusa de sensaciones que supone para un corredor preparar y correr una maratón.

PIA CABASSA: Empecé a correr en el 2014 y desde ese entonces no he parado. Como todos, empecé con una inocente carrera de 5 kilómetros y al terminar supe que necesitaba ir incrementando la distancia para ponerme a prueba. Ese mismo año llegué a la distancia de Media Maratón y la verdad es que ahí me quedé por varios años sin siquiera pensar en la idea de completar una Maratón.

A finales del 2017 estaba apoyando como de costumbre a los corredores en la ruta de la Maratón Internacional de Panamá y me dije a mi misma, ¿Cómo es posible que llevo varios años corriendo sin parar y no sé qué se siente al correr una Maratón? ¡Necesito hacer al menos una en mi vida!, “El 2018 será MI año.” Pocos meses después ya estaba inscrita en lo que sería mi primera maratón, Las Vegas Rock and Roll Marathon en noviembre del 2018. Al estar inscrita desde febrero tuve muchos meses para mentalizarme, para entrenar y para dejar las dudas a un lado. El día de la carrera no les miento que sufrí mucho y sentí que fue una carrera sumamente difícil, solo podía pensar en que quería terminar y también me preguntaba ¿Cómo era posible que alguien disfrutara tal sufrimiento? A partir del kilómetro 35 me dolía desde la espalda hasta la punta de los pies, pero sabía que llegaría a la meta y estaba muy segura que al cruzar esa meta iba a querer inscribirme en otra. Y así mismo fue, llegué a la meta extremadamente emocionada y con lágrimas de felicidad en los ojos por cumplir algo que pensaba era imposible para mí, y dos meses después ya estaba inscrita y con boleto aéreo para mi segunda Maratón en Lima, Perú, en mayo del 2019. Básicamente nunca dejé de entrenar, llegué de Las Vegas y seguí corriendo frecuentemente para llegar en forma a lo que serían mis cuatro meses de preparación antes de la maratón. Esta vez entrené distinto, más días de series, más volumen de kilómetros semanales y descansos activos. Estuve súper enfocada, prácticamente no falte a ningún día de entrenamiento (cosa que a mí me da orgullo), me sentía súper segura, con la mente fuerte, pude ver mi progreso en los meses de entrenamiento y vi los resultados el día de la carrera. No hay duda que la disfruté de inicio a fin, corrí contenta, fuerte, sin ningún tipo de dolor y lo mejor de todo, bajé mi tiempo anterior por 32 minutos, que para mí fue una gran victoria.


Al terminar esta maratón en Perú ya sabía que iría a Chicago en octubre del mismo año porque había salido en la lotería, así que tampoco es que tuve mucho descanso que digamos, estaba a menos de cinco meses del siguiente reto, pero súper emocionada. Entrené igual de duro para esta carrera, bastante volumen de kilómetros semanales y súper enfocada de inicio a fin, aunque esta vez sí sentí algo de nervios los días previos a la carrera, a diferencia de Perú, ya que era una Major (una de las 6 maratones más importantes del mundo), y por alguna razón este tipo de carrera te hace sentir extremadamente importante. Es muy emotivo poder participar de un evento donde hay 45,000 corredores y un millón de espectadores apoyándote desde la partida hasta la llegada. No estaba muy segura de que iba a sentir al llegar a la meta, aparte de extrema gratitud por poder estar ahí junto a mi padre, pero dejé que el momento llegara, para saber si lo que iba a querer era hacer una cuarta maratón, o si descansar de las largas distancias por un tiempo. Para mi sorpresa, crucé la meta muy feliz con mi resultado, pero segura de que ya no quería hacer más maratones por un tiempo, solo quería correr por placer y sin estrés distancias cortas en los siguientes meses. Recuerdo que después de cruzar la meta hasta a mi entrenador y amigos les dije, “no más maratones por ahora, ya estoy agotada”, pero solo me tomó seis horas de ese mismo día para decidirme que en el 2020 quería hacer otra maratón (risas).


Ahorita ya está en mis planes hacer una maratón a finales del 2020, no estoy segura cuál ni en dónde, pero sé que cumpliré mi palabra. Ya llevo dos semanas desde que crucé la meta de mi última maratón y sé que puede sonar exagerado, pero me siento rara y algo triste, todos los días hago mi mochila para hacer deporte después del trabajo, pero no es lo mismo, no hay objetivos, no hay planillas diarias que cumplir y no hay una meta emocionante esperándome al final de esto. Eso de Post Marathon Blues es totalmente cierto, es más, lo estoy sintiendo en estos momentos al escribir esto (risas).


En total hice tres maratones en un periodo de 11 meses, así que tuve un año llenísimo de emoción, motivación, logros personales, sacrificios, aprendizaje, ansiedad y nervios (pero de los buenos) y sobretodo mucho enfoque para lograr lo que me propuse. Por un año entero mi tema de conversación fue de maratones y los fondos del fin de semana, mi vida prácticamente giró en torno a esto y no sé los demás, pero yo en lo personal lo disfruté y amé este proceso. Puedo decir que lo único que me tranquiliza es que a finales del 2020 seré maratonista por cuarta vez si Dios me lo permite; hasta entonces, no me queda más que buscar otras metas de running a corto plazo que cumplir. 

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