03 octubre 2016

Motivos para una mala Carrera

Buen lunes amig@s,

Espero hayáis tenido un excelente fin de semana y que vuestras competencias y/o entrenamientos hayan sido exitosos. Ya se van acercando los últimos objetivos importantes del año, así que se ve a muchos runners haciendo sus fondos temprano en las principales áreas de esparcimiento de la ciudad. Nuestra afición tiene cada día más adeptos, así que creo los que promovemos el running debemos estar satisfechos.

En otro orden de cosas, y a modo de lectura, os comparto el último artículo que he publicado en LA ESTRELLA DE PANAMÁ este domingo, con relación a algunas de las causas que pueden provocar que tengamos una mala experiencia durante una competición.

Si estáis interesados en leerlo podéis hacerlo directamente en el web del periódico en este ENLACE, ver la página completa en la imagen inserta a continuación, o consultar el artículo íntegro en modo texto al final de la entrada.

Fracasar en una competencia

Saludos y nos vemos en la Ruta!

FER


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MOTIVOS PARA UNA MALA CARRERA

Con frecuencia, muchos corredores terminan sus competencias frustrados respecto de su rendimiento, a pesar de haber completado fuertes rutinas de entrenamiento. Esto es debido a que los resultados no son los esperados en cuanto al tiempo o distancia que querían completar, y acaban cayendo en el desánimo. Todos los corredores tenemos competencias en las que no logramos alcanzar nuestros objetivos personales, pero lo que caracteriza a los corredores exitosos, es que estos en vez de ponerse a lamentar su mala suerte o echar las culpas a factores externos, analizan a profundidad las causas de su mal desempeño y adoptan los correctivos pertinentes. De este modo, en futuras competencias estarán en disposición de poner la debida atención a ciertos elementos y detalles, que incluso pareciendo insignificantes, pueden hacer al final la gran diferencia entre el éxito y el fracaso.

ERRORES DE ESTRATEGIA

El motivo más recurrente por el que un corredor no alcanza el desempeño esperado se relaciona con tener un objetivo no realista. Existen numerosas pruebas y test que sirven para evaluar por ejemplo el tiempo objetivo que debe tener un corredor en particular para una determinada distancia, y así programar su ritmo de carrera. Pero los corredores tenemos la tendencia a pecar de exceso de optimismo, y aunque los resultados de las pruebas nos indiquen una cosa, solemos anteponer nuestros propios deseos, pensando que el día de la competencia vamos a ser capaces de superar los mejores pronósticos.

Aunque en pruebas de distancia más corta los errores de estrategia se pueden minimizar, no sucede lo mismo cuando se trata de una maratón. El llevar un ritmo inadecuado en la primera parte de una maratón nos puede poner en graves aprietos al final, obligándonos a ralentizar mucho nuestro ritmo e incluso tener que caminar para alcanzar la meta. El corredor debe de partir siempre con una estrategia y meta realista previamente establecida. Hay una famosa frase que hace referencia a este tema que señala “se compite como se entrena, no esperes ese día milagros”. Por supuesto que la motivación que puede tener un corredor al participar en una concurrida y famosa maratón, con miles de espectadores animando en las calles, no es la misma que cuando entrena en solitario en la madrugada, pero no debemos echar nuestra imaginación a volar y pensar que ese día de manera mágica vamos a poder redoblar nuestras fuerzas.

ESCASA RECUPERACIÓN

Otra de las mayores equivocaciones que cometen los corredores hoy en día es no respetar los periodos de descanso y realizar más competencias de las debidas. A diferencia de los entrenamientos, en las competencias se llega a un nivel máximo de exigencia y el organismo sufre un enorme desgaste no solo desde el punto de vista físico, sino también en el aspecto mental. Aunque cada persona tiene una fisiología diferente, y en la recuperación influyen muchas variables como la edad y la condición física del corredor, hay una regla que siguen muchos entrenadores y técnicos en el sentido de que por cada kilómetro que hayamos completado en una competencia, deberemos tomar un día de descanso hasta poder volver a competir. De este modo, si la competencia fue de 10 kilómetros, no deberíamos competir al menos hasta después de pasados 10 días, y si se trató de una maratón de 42 kilómetros, deberían ser 42 los días que deberíamos dejar de competir, realizando durante ese periodo solamente rutinas de entrenamiento y recuperación. Es necesario hacer énfasis que cuando se menciona que un atleta ha competido, se hace referencia al más estricto sentido de la palabra competir, ya que la regla del día x kilómetro no aplicaría cuando el corredor no ha tomado la competencia en serio, sino solamente a modo de entrenamiento.

FALTA DE ENERGÍA

La energía que utilizamos los corredores cuando nos ejercitamos proviene de dos fuentes básicas, las grasas y el glucógeno. Las grasas son un combustible menos eficiente que el glucógeno, ya que el proceso para convertirse en energía es más lento. Por este motivo, cuando nos ejercitamos a una intensidad media o media-alta, el combustible primario que demandará el organismo provendrá del glucógeno. La cantidad de glucógeno que se puede almacenar en el cuerpo es limitada, por lo que si se realiza un ejercicio físico de larga duración y no se repone, se agota. Se considera que en esfuerzos de duración de hasta una hora u hora y media, nuestro organismo no requiere de energía extra a la que tenemos almacenada, pero si el tiempo de ejercicio es mayor, tanto se trate de un entrenamiento como de una competencia, deberemos compensarlo con la ingesta de carbohidratos que nos suministren energía adicional. Estos carbohidratos pueden ser de varios tipos y venir en distintas presentaciones que facilitan su transporte e ingesta, como disueltos en bebida deportiva, en barritas, gomitas, grajeas o geles. Muchos corredores no toman en consideración esta necesidad de reposición o la realizan de manera incorrecta, por lo que de manera progresiva entran en lo que se conoce como estado de fatiga, asociado a una disminución del rendimiento físico que puede llegar a un grado crítico, obligando incluso al abandono.

DESHIDRATACIÓN

Del mismo modo que resulta muy importante reponer las energías gastadas, también es fundamental realizar una buena hidratación durante nuestras competencias. El agua es el principal componente de nuestro cuerpo y ejerce muchas funciones beneficiosas en nuestro organismo, ya que transporta los nutrientes a las células del cuerpo y retira de las mismas los residuos que se generan. Adicional regula la temperatura corporal y el enfriamiento del cuerpo mediante la sudoración. Por lo tanto una correcta hidratación permitirá mantener los niveles óptimos de agua en nuestro cuerpo, posibilitando que las funciones del organismo se ejecuten de manera eficiente y saludable. No hay que esperar a tener sed o sentir los labios secos para hidratarse, pues ya será tarde. La sensación de sed no es más que un síntoma para estimular el consumo de líquidos ante una carencia previa. Caer en deshidratación afectará al funcionamiento del cuerpo, y si realizamos ejercicio físico al rendimiento, pudiendo provocar desde calambres hasta un golpe de calor, mareos y desfallecimientos.

NO CALENTAR

El calentamiento se trata de un conjunto de ejercicios y repeticiones que se deben ejecutar de modo previo a una competencia con el objetivo de favorecer un mejor rendimiento para el deportista en cuestión, a la par que minimizar el riesgo de sufrir lesiones, principalmente de su sistema muscular y articular. El calentamiento siempre debe ser ordenado y progresivo. Ordenado por cuanto se repiten una serie de rutinas, no solo para que sea más fácil su memorización, sino porque también hay un orden lógico. Así muchos preparadores recomiendan iniciar siempre por un extremo del cuerpo y recorrer el mismo hasta el otro extremo, generalmente iniciando por la cabeza y cuello, y terminando en tobillos y pies. Es progresivo porque se parte de una intensidad baja al comienzo y la misma se va elevando poco a poco según avanza el mismo de manera gradual hasta alcanzar la máxima intensidad al final. Una buena sesión de calentamiento no debe durar menos de 20 minutos, y puede llegar hasta los 40 minutos dependiendo de varios condicionantes como la duración de la carrera o el clima ambiental. Durante el calentamiento no solo se eleva la temperatura corporal, sino que adicional se incrementa la capacidad pulmonar y el riego sanguíneo (oxigenación muscular). La finalidad última de un correcto calentamiento es que todos nuestros músculos y articulaciones, así como nuestro sistema cardiovascular, estén en condiciones de ser puestos a prueba con un alto nivel de exigencia. Por ello, su eficacia disminuye si después del calentamiento dejamos pasar demasiado tiempo hasta el inicio de la competencia, no siendo recomendable que ese lapso supere los 10 minutos. 

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