01 diciembre 2015

Maratón Internacional Ciudad de Panamá 2015

Hola amig@s,

¿Todavía duelen esas piernas? jajaja, venga, ánimo que en unos días ya veréis como para levantaros de la silla no necesitáis apoyaros en la mesa :)

Por donde empiezo, uffff, muchos recuerdos y sensaciones del maratón de este domingo, en mi caso el tercero en este mes después del de Oporto en Portugal y el de Torozos en España. Y qué queréis que os diga, a pesar del madrugón, a pesar del sofocante calor, a pesar de la tremenda humedad, ningún maratón sabe más rico y te deja más satisfecho que el de casa, rodeado de amigos y conocidos. Y es que en verdad ha sido un noviembre movidito. Nunca había corrido más de un maratón en el mismo año natural, y en esta temporada me he metido tres de una tacada en solo 30 días. Creo que me estoy haciendo no viejo, sino algo más mayor, jajaja y a falta de calidad, me inclino por la cantidad.


Lo que es cierto es que de los corredores de hace años de mi generación, que incluso ya con bastante edad disputábamos hasta la punta, veo que edición tras edición del maratón de Panamá van quedando menos. La mayoría son ya gente muy joven, que llevan poco tiempo corriendo, y en cierto sentido si se siente nostalgia de esos lotes con los Morán, Alvarado, René Guerra, Piedra, Nico García, Mello Ramirez y tantos otros que dieron días de mucha gloria atlética a Panamá. Para rematar, mi compañero del alma Fernando Blanco se lesionaba solo unos días antes del evento, así que me encontraba medio huérfano de referencias.



La prueba de los 42 kilómetros iniciaba a las 5.00 am, y más tarde la de relevos y medio-maratón. Son unas horas impensables para correr en otras latitudes, pero en Panamá la gente al final comentaba que incluso debería partir antes. Así que a las 2.00 am ya estaba yo por la cocina haciendo unos panqueques y tomando suero oral, porque aunque no apeteciese mucho, había que meterle combustible al organismo.

Durante estos últimos meses he compartido la mayoría de entrenamientos con Patrick y mis queridos "Cochinitos Runners", mi pareja Tere y mi amigo español Carlitos, aunque muchos domingos hemos aprovechando para unirnos a otros teams como el de Fernando Blanco, el grupo de Ayala, y otros.


Y es que el maratón no hay que verlo como una prueba de un solo día, sino como una oportunidad para compartir durante semanas entrenos con gente maravillosa, pasarlo bien, conocer nuevas rutas, hablar de lo divino y de lo humano, y porqué no, también para acabar desayunando juntos, esos desayunos en los que se acaba colando alguna cerveza en el cooler por el tema de la rehidratación jajaja. Y es que a varios que conozco, no se si les gusta mas el running o el drinking.

A las 4.00 am ya estábamos por los estacionamientos cerca del Miramar y el ambiente era excelente, con gente alistando sus zapatillas y uniformes, y un olor inconfundible al mentol del Cofal y similares linimentos. Ya en la zona de partida las notas del himno nacional sonaron en la oscuridad y se hizo un respetuoso silencio, mientras cada uno de los corredores estoy convencido de que respiraba hondo y recordaba en esos pocos segundos cada una de esas miles de zancadas completadas. Y es que en solo unas horas se ponen a prueba muchas semanas de sacrificio, de esfuerzo, de esperanzas, de ilusiones, de tiempo que uno ha quitado a la familia, con el objetivo de probarse que todo es posible, confirmando que la distancia de 42 kilómetros es adictiva y engancha como ninguna otra.


Durante la primera hora del evento corrimos en la oscuridad, camino del viaducto en la Cinta Costera 3 y el estadio Maracaná. En el retorno uno solo distinguía las sombras al cruzarse por el otro paño de la carretera, y el jadeo de los corredores que muy pronto comenzaron a quedarse en solitario o pequeños grupos. Los mayores ánimos los recibimos al paso de nuevo por el hotel Miramar después de una hora de carrera, de familiares y corredores del medio maratón allá congregados esperando su partida. A partir de ese punto el sol quiso sumarse a la fiesta deportiva, y ya no nos abandonó por el resto de la mañana, convirtiendo el asfalto en algo más parecido a un sartén que se cocinaba a pleno fuego.

Los columpios de Coco del Mar a esas alturas cerca del kilómetro 20 ya no eran pequeños toboganes, sino que superar cada uno se sentía como subir el Cerro Ancón! Qué fácil transita uno por allá en carro, pero que diferente se nota al correrlos. Para esos momentos ya los participantes íbamos bastante separados, cada uno entreteniendo su mente imagino con lo que buenamente podía. Las fuerzas comenzaban a escasear, al menos en mi caso, y como pude saber después en meta, también en la de muchos otros corredores. La recta por Costa del Este hasta llegar al malecón me pareció interminable, y el propio malecón otro tanto. Lo bueno de este recorrido es que llegando a la punta del paseo, no queda de otra que retornar hasta la línea de meta, ya sea corriendo, caminando o gateando. Salirse de la prueba, salvo por causa de lesión que impida moverse, no es una opción. 

Me crucé con las motos abre carrera y Castelblanco venía punteando con una enorme ventaja, como si los kilómetros, el calor y la humedad no hicieran mella en su desempeño. Después fueron apareciendo de uno en uno el resto de sus perseguidores pero ninguno llevaba mejor ritmo, por lo que deduje que salvo desfallecimiento, este año y tras 17 ediciones, el evento tendría de nuevo ganador local. De las féminas Williana Rojas también se veía muy confiada, y lamenté no haber tenido mejores condiciones este año para haber aguantado su pace. Mis felicitaciones porque hizo una carrera muy inteligente.


Pasando Panamá Viejo por el kilómetro 35 mis piernas dijeron ya no más, y tuve que comenzar a caminar por tramos, agarrando toda la hidratación que podía y que ansiósamente bebía como si me fuera la vida en ello. No recuerdo ningún otro evento donde yo, que soy bastante camello y de beber más bien poco, haya sentido tanta necesidad de hidratarme y de echarme líquido por encima. Ya a esas alturas íbamos mezclados con los compañeros de los 21 kilómetros, y la ruta volvía a pasar por Coco del Mar en una interminable columna multicolor de cuerpos sudorosos.


Finalmente pude redoblar el paso y volver a correr cruzando la meta en 3h40, (Ver Resultados), agotado pero feliz, sumergiéndome de una vez en la enorme piscina con hielo que la organización tuvo la genial idea de instalar. Mirando a mi alrededor en esos momentos, solo pude ver a otros participantes en un estado igual de calamitoso, resoplando pensativos y negando con la cabeza como diciendo "la últimanunca más". La gran mayoría no pudo lograr sus metas de tiempo, y terminaron al igual que yo caminando algunos tramos o trotando a ritmo de supervivencia, pero sin duda con el paso de los días tomarán conciencia del éxito que fue completar esta carrera.


Y seguro que habrá más, porque el maratón es así, una prueba a la que nunca se la domina, una carrera en la que cualquier tipo de pronóstico queda por el piso, en la que cualquier mínimo detalle con el paso de los kilómetros se convierte en un enorme inconveniente. Al maratón hay que respetarlo, y como han comentado muchos compañeros en sus redes sociales, siempre aprendes algo de esta prueba, lecciones de humildad que incluso no solo puedes aplicar al mundo del deporte sino también al resto de las facetas de tu vida. El maratón en el fondo es una escuela, un desafío, una meta que aunque aparentemente la tengas cerca de tu mano, parece por momentos inalcanzable.


No puedo terminar este relato sin agradecer a mis compañeros del team Cochinitos por la compañía durante estos meses pasados, compartiendo entrenos, ilusiones y anécdotas; también a tod@s aquellos amigos, conocidos y gente anónima que el domingo me dieron un grito de aliento o una palmada de esperanza durante la prueba para seguir adelante; a mis patrocinadores Under Armour y The Vitamin Shoppe, por el apoyo y confianza que siempre me prestan; y por supuesto, al Club Corredores del Istmo que se tomó la tarea de organizar una prueba tan compleja a un altísimo nivel.

Muchas cosas se quedan en el tintero, pero a buen seguro habrá tiempo durante las próximas semanas para recordar y compartir, con la mente ya puesta en el 2016, y deseando estar de nuevo en la línea de partida con un número en el pecho sintiendo mariposas en el estómago.

Nos vemos en la Ruta!

FER

2 comentarios :

  1. Enhorabuena Fer! si es que terminar un maratón y con las condiciones climatológicas de Panamá me parece cosa de super heroes! de verdad!! muchas felicidades!
    bss
    Tania

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    1. Muchas gracias amiga, tu sabes cómo es este clima de exigente, un besazo amiga

      FER

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