23 octubre 2009

ESCRITO - Mi primera Maratón


Por Fernando Revuelta

Corría el año 1987 (nunca mejor a cuento esta expresión de corría), y en España el "boom" del atletismo de fondo hacía menos de una década de haber comenzado. De hecho, casi todas las Maratones mas importantes de España iniciaron a finales de los 70s y comienzos de los 80s. Así la Maratón mas importante, la MAPOMA de Madrid, celebró este año su XXXII edición.

Practicar deporte en España no era nada popular en los 70s, con la excepción de los tradicionales como el fútbol y baloncesto. Pero tras la llegada de la democracia en 1975 todo se renovó, y hubo un cambio muy importante de mentalidad en todos los terrenos, incluyendo el social, político, sexual, laboral, y por supuesto respecto del mismo deporte. El español promedio no hacía deporte, y su práctica era ocasional y no socialmente muy considerada. No se entendía que alguien pudiera dedicar parte de su tiempo libre al ejercicio si ello no iba aparejado a ser un modo de vida.

Si esta era la situación generalizada, el atletismo no escapaba a esa dinámica. Las modalidades que por esa época prevalecían eran en los meses de invierno el cross, y en los meses de verano la pista con sus diferentes disciplinas. El concepto de running tal como lo conocemos hoy, asociado a correr fondo por las calles y las carreteras era totalmente marginal. Recuerdo que con excepción de los atletas pertenecientes a equipos de colegios, universidades y afines, no se veía a otro tipo de personas entrenando o con ropa deportiva por la calle.

Cuando en 1986 se asignaron las Olimpiadas que se celebrarían en 1992 a Barcelona, el concepto del deporte en España pegó un giro radical. Las Administraciones públicas empezaron a invertir grandes sumas de dinero en la preparación de atletas, en la promoción de competiciones, y en la construcción y equipamiento de instalaciones deportivas. La empresa privada, que en su mayoría no había visto al deporte como un campo en el que invertir publicitariamente, también cambió su rumbo y comenzó a patrocinar numerosos clubes, equipos, y competencias. La práctica deportiva empezó a estar bien vista y se comenzó a masificar en todos los estratos sociales, incluyendo a una gran cantidad de jóvenes profesionales de poder adquisitivo acomodado.

La industria del deporte así mismo vio la oportunidad que se le presentaba, revolucionó sus diseños, e invirtió en estudios y nueva tecnología. De la ropa monocolor clásica negra, azul, o roja, y sin adornos, se pasó a texturas, tejidos, y tonos impensables solo unos años atrás. Quién se hubiera imaginado a alguien en los 70s corriendo por la calle con una malla de licra ajustada de color rosa, por ejemplo.

La simple idea de correr, se asoció al concepto de beneficio y buena salud. De la noche a la mañana, las calles y carreteras de España se llenaron de personas de toda edad y condición embutidos en sus chandals y con zapatillas de deporte, resoplando cada uno al ritmo que buenamente podían soportar. Así nació lo que se vino en llamar "Atletismo Popular". El Atleta Popular era todo aquel que salía a correr simplemente porque le gustaba y con cierta regularidad. No solo el ejercicio no le reportaba un beneficio económico, sino todo lo contrario. La actividad de correr se convirtió en un hobbie al igual que otros muchos como la fotografía, el coleccionismo, o la pesca, y al igual que estas otras actividades demandaba unos gastos cada vez mayores. Ya no solo era un uniforme, sino que había que tener varios. De igual modo con las zapatillas, empezaron a diversificarse y el comprarlas ya dejó de ser algo tan sencillo como ir a una tienda y señalar en el escaparate con el dedo.

Empezaron a surgir Clubes y grupos de corredores, muchos de los cuales añadieron a sus nombres el término de moda, "Popular". Del mismo modo se multiplicaron las pruebas por toda la geografía Nacional, añadiendo así mismo la coletilla "Popular" en sus encabezados.

Mi ciudad natal Valladolid, situada en el centro de la Comunidad de Castilla-León, era en esos años una pequeña capital de "provincias" intentando despegar económicamente tras haber pasado muchos años adormecida a orillas del Pisuerga, el flamante río que la cruza de extremo a extremo. Como no podía ser de otro modo, sufría de los mismos defectos y las mismas carencias en el campo del deporte que el resto de las ciudades españolas de finales de los 70s.


Siguiendo los ejemplos antes descritos, en Valladolid fue surgiendo poco a poco un grupo de corredores "Populares", de esos que veías los Domingos en las mañanas con sus chandals y medias hasta las rodillas, y con la cinta en el pelo para el sudor tan típica de esos años que luego gracias a Dios cayó en desuso. Cruzarse ya con un vecino en el portal o el ascensor después de venir de correr, ya no iba necesariamente aparejado a malas caras, y adustos gestos de desaprobación, sino que incluso te saludaban tan amablemente y elogiaban el que uno hiciera ejercicio. "Todos deberíamos hacer ejercicio", se convirtió en la frase de moda.

Desde que recuerdo, mi vida ha estado siempre ligada al deporte en mayor o menor grado. Siendo el menor de cuatro hermanos varones, seguí los pasos que estos me iban marcando, cogiéndole desde muy chiquito con solo 3 o 4 años el gusto a la bicicleta y al atletismo. Durante muchos años compaginé ambas actividades, la mayoría de las veces con mas pena que gloria, pues casi todos los éxitos se los llevaba mi hermano Santiago que siempre fue el mas destacado de los cuatro en el plano deportivo.

La Universidad supuso para mi un cambio como para otros muchos jóvenes, y el deporte quedó aparcado, no porque tuviera que dedicarme mas al estudio, sino porque comencé a salir mas con los amigos. Las trasnochadas y las discotecas por aquella época me encantaban. Me enrolé de discjockey en "Hippoppotamus", uno de los centros nocturnos de moda de esa época en pleno Paseo Zorrilla, y mi físico empezó a sentir drásticamente las consecuencias. Fueron unos años en que mi única actividad deportiva era subir al Estadio de futbol José Zorrilla para ver a mi querido Real Valladolid (aka Pucela), perder lamentablemente por goleada en la mayoría de las ocasiones.

Mi abandono del deporte coincidió con que mis 2 hermanos mayores Javier y Carlos, ambos doctores, comenzaron a trabajar en el mismo sitio en Galicia, un pequeñito pero entrañable pueblo de montaña llamado Trives. Supongo que por el numeroso tiempo libre que tenían, y ante la falta de otras actividades de ocio mas atractivas, comenzaron a practicar atletismo de fondo y contagiaron a unos cuantos lugareños mas, formando así un pequeño pero animoso grupo atlético. En las largas y frías noches de invierno, muchas veces rodeados de nieve, salían a correr por estrechos callejones entre muros de piedra e iluminados escasamente por tililantes farolas.

Pero era tal la ilusión que ponían en sus entrenos que enseguida se plantearon el correr cada vez mas, y mas distancia, hasta llegar a la Maratón. Tanto mi otro hermano Santiago como yo veíamos aquello como algo totalmente fuera de lo normal. ¿Correr 42 kilómetros sin que nadie te obligase a ello??? Definitivamente se les debía de haber zafado un tornillo. Mis hermanos y sus amigos acudieron a algunas Maratones creo en Valencia y Barcelona, y llegado el mes de septiembre de 1987 se aprestaron a correr en la Maratón Popular San Mateo en Valladolid, nuestra ciudad natal. La Maratón cumplía su edición número 8 y era una de las mas antiguas de toda España, aunque no conseguía despegar en cuanto al grado de participación.

El que la prueba se denominase San Mateo provenía del patrón de la ciudad, ya que precisamente para esas fechas de septiembre y coincidiendo con el santoral es cuando se celebraban siempre las Ferias y Fiestas de la localidad. Así que durante toda esa semana de fiestas, la parranda habitual y salidas nocturnas se incrementaron para mi, mientras mis 2 hermanos en Galicia estaban ya en la semana previa a la Maratón haciendo los últimos preparativos. Su idea era llegar el viernes a casa para pasar todo el fin de semana. Unos días antes mi padre había ido a realizar la correspondiente inscripción y recogido los dorsales para ambos. Todo estaba preparado y en orden. Al menos así creían.

Pero el destino se cruzó en el camino de mi hermano Javier transformado en un banco de la sala de espera del Centro de Salud donde trabajaba. No acierto a recordar la lesión en particular, si fue en un dedo del pie o en la tibia, pero si que se pegó un tremendo porrazo con el banco mientras caminaba distraído. La cuestión es que el golpe fue lo suficientemente grave y doloroso como para impedirle ser de la partida a tan solo unos días antes de la prueba. Ese inoportuno cambio de planes le hizo incluso desistir de viajar el fin de semana a casa, y se quedó apesadumbrado en Galicia, quizás pensando como dice el refrán aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente".

No tengo demasiados recuerdos de ese fin de semana, pero los pocos detalles que si permanecen en mi memoria son bastante nítidos. El Domingo que era el día de la Maratón, y como eran fiestas, me había acostado bastante tarde la noche anterior. La idea original de toda la familia era ir a la meta en el Polideportivo Huerta del Rey, para ver la llegada en vivo de mi hermano Carlos. Este Centro deportivo estaba solo a 5 minutos de mi casa, así que no era necesario madrugar. Pero por designios del destino, me levanté temprano al baño y me encontré a mi hermano Carlos desayunando en plena ingesta de calorías, y con su uniforme de deporte puesto. Estuvimos hablando un rato y no se si él me lo sugirió, pero al ver el dorsal de mi hermano Javier "huérfano" encima de la mesa, tomé la decisión de porqué no aprovecharlo y acompañar a Carlos en la Maratón durante algunos kilómetros.

La máxima distancia que yo habría hecho hasta esos momentos supongo sería de 10 o 12 km como mucho, y eso unos 3 o 4 años atrás. Desde entonces me había dedicado a la vida nocturna y de universitario, que como suele ser habitual "tanto monta, monta tanto". A toda prisa agarré del armario una camiseta que me habían regalado de un jugador de un equipo de baloncesto, el CAIXA OURENSE, la cual me quedaba enorme pero al menos era de tirantes. Complementé mi indumentaria con un pantalón marca KARHU de mi hermano Santiago, que al contrario que la camiseta me quedaba bien "apretaito"; calcetines largos blancos de esos típicos con franja roja y azul los cuales enrollé un poco para no tener tanta pinta "amateur"; y de zapatillas las únicas que tenía cuya marca no recuerdo pero que en ningún caso estaban pensadas para soportar una larga distancia.

Entre los borrones de mi mente está el propio lugar donde fue la salida, pero teniendo en cuenta lo habitual en estos casos me imagino fue desde la Plaza Mayor. Así que con el dorsal de mi hermano Javier, el número 143, me encontraba yo ese día Domingo rodeado de los mas variopintos atletas y maratonianos de la época, sin creo haber ni tan siquiera desayunado, y con el cuerpo molido de la noche pasada. De la propia carrera mentiría si dijera que recuerdo mas que tres o cuatro episodios muy puntuales y concretos, asociados así mismo a lugares bien determinados. El resto está como en una nube que quizás mi hermano Carlos pueda despejar con algún comentario añadido a este escrito después de su lectura. Él es de una mente prodigiosa, y nos sorprende con frecuencia al resto de la familia con detalles de fechas y nombres que los demás hace rato ya olvidamos.

Creo que por oírsela precisamente contar a él en varias ocasiones, hay una primera anécdota de cuando íbamos por el Paseo de Isabel la Católica, calculo que todavía en los 5 o 6 primeros kilómetros de la prueba. Debíamos ir entre los últimos participantes y un policía motorizado nos iba acompañando. Ya Carlos me había dejado claro que la Maratón se debía de correr así, reservando fuerzas, y por eso el confiaba que en la segunda parte de la prueba podría pasar a otros competidores mas inexpertos que habían salido a ritmos no adecuados. La cuestión es que el policía iba vestido con aquellos pantalones y uniformes rígidos de la época, y sus correspondientes botas hasta la rodilla, casco blanco, y gafas estilo aviador. El hombre poco debía de saber de carreras y maratones, y solamente seguía las instrucciones que le había dado su superior de ir protegiendo a los participantes a su mismo ritmo. Mantener esas motos enormes y pesadas de las de antes en posición vertical a nuestra velocidad no debía de ser para él nada sencillo, y nos iba mirando como pensando algo sin atraverse a decirlo. En algún momento ya no se pudo contener y le interpeló a mi hermano, ¿"falta mucho"???, ante lo cual Carlos le aclaró que casi recién estábamos comenzado la primera hora de carrera y que eso se demoraría como otras 3 mas. El motorizado se quedó pensativo, y con cara de resignación y mientras ajustaba sus "posaderas" sobre el largo sillín de la moto farfulló algo así como "pues se me va a estallar la almorrana". Supongo que en ese momento mi hermano y yo nos reímos a mandíbula batiente, y a la vez nos compadecimos de la mala suerte del Policía, que seguramente hubiera preferido en esa mañana de Domingo estar plácidamente dirigiendo el tráfico en pleno Campo Grande, uno de los mayores parques de la ciudad.

Así debieron de pasar mas y mas kilómetros, y yo seguía allí sin abandonar dando soporte a mi hermano. Tampoco creo que le diera mucho, pues me imagino yo iría en bastantes peores condiciones que él,...ningún tipo de preparación, 4 años alejado del deporte, trasnochado,.....vamos lo ideal para la ocasión. El circuito de la prueba después de atravesar las principales arterias de la ciudad tomaba rumbo al céntrico Paseo Zorrilla y se enfilaba a las afueras, hacia el Pinar de Antequera. Esta zona era, y todavía lo sigue siendo, muy bonita y llena de vegetación, en su mayoría pinos piñoneros con un agradable aroma. Llegando al kilómetro 20 cerca de la localidad de Puente Duero, el recorrido giraba por la carretera hacia Simancas, y de allí por el Camino Viejo de nuevo hasta la ciudad.

En ese kilómetro 20 casi en Puente Duero, es donde mi memoria de nuevo recupera otro pasaje de la prueba. Por algún extraño motivo yo no me había retirado y seguía a la par de Carlos, el cual debía de estar bastante incrédulo de que yo hubiera aguantado hasta ese punto. Llegamos a un área de avituallamiento y por alguna razón Carlos se detuvo a algo, no se si a beber, ajustarse las zapatillas, darse vaselina,....no recuerdo. La cuestión es que me ví parado sin saber mucho que hacer y el me dijo "sigue, ...sigue... que ahora voy". Esto me pareció lógico, ya que él estaba en muchas mejores condiciones físicas que yo, y a buen seguro si había alguno de los dos que podría alcanzar al otro era él a mi. Así que continué con mi "trote", uno, dos,... uno, dos,...en medio de pinares, y sin participantes cercanos en el horizonte. En esos años, y mas en esta Maratón, los atletas no eran tan numerosos como ahora, y promediada la prueba cuando se espaciaban, ya ibas mas solo que la una. Nada hacía presagiar que eso fuera una competencia con la excepción de los números que portábamos en el pecho.

El tiempo pasaba, y ya de trotar empecé a caminar a ratos. En el punto que me encontraba no había manera de pensar en un abandono, estaba en la zona mas alejada posible de meta, así que corriendo, caminando, o arrastrándome,...debería de llegar de todas maneras de vuelta a la ciudad. De vez en cuando miraba preocupado para atrás pero hasta donde me llegaba la vista me era imposible divisar a mi hermano Carlos. Así debí de pasar el famoso "muro", concepto para mi en esos momentos desconocido, y todas las demás adversidades que se me pusieron por delante. Esos largos kilómetros finales se perdieron definitivamente de mi disco duro. Solo se que aquello me parecía una brutalidad, y que cada vez estaba mas agotado. No podía entender como mis hermanos se habían aficionado a semejante prueba. Qué satisfacción podían encontrar ellos en pasarse corriendo tantas horas en solitario, con las piernas a punto de estallar y los pies llenos de ampollas. Me imaginaba como en una travesía del desierto, no creía que eso pudiera ser algo peor que la Maratón. De cuanto en cuanto me encontraba con unos simbolitos de pintura dibujados en la carretera que indicaban que iba en el camino correcto. Eran unas tortuguitas muy simpáticas, el logo de la Maratón de Valladolid. No podrían haber escogido otro animal mas acertado para la ocasión, porque mi paso era total y absolutamente de tortuga. A todo esto, Carlos continuaba desaparecido, y creo que no me crucé con ningún otro competidor en muchos kilómetros.

La siguiente imagen que se viene a mi memoria es la de mi hermano Santiago esperando fuera del Polideportivo la llegada a meta de mi hermano Carlos. No salía de su asombro cuando en vez de verlo a él, aparecí yo con un aspecto lamentable pero terminando una Maratón ! ! ! Mis padres estaban dentro del pabellón en las graderías sentados así mismo esperando ver a Carlos cruzar la línea de llegada, y se debieron de quedar también durante unos segundos como fuera de lugar. No podía ser,...Fernando, que salió de improviso y sin entrenamiento a última hora para acompañar a su hermano, se corrió toda la Maratón ! ! !

Sin duda debí de ser de los últimos competidores porque en la meta ya casi no quedaba gente, y las asistencias de la organización se habían agotado. No había nada líquido ni sólido que llevarse a la boca. Recuerdo me desplomé en una banca de madera al lado de las graderías, sin saber que hacer, totalmente agotado, rendido física y psicológicamente. Cuando uno entrena para un evento, lo prepara, le dedica tiempo y esfuerzo, pues siente una enorme satisfacción por haberlo completado. Yo en esos momentos no la sentía. No sabía muy bien porqué me encontraba allí,...yo no quería correr esa Maratón, no tenía ningunas ganas ni deseos de hacerla. Es mas, ...pensaba que eso era una auténtica brutalidad,...como podía estar permitido semejante cosa,...y que la gente lo hiciera libremente pagando incluso por ello. Era de locos ! ! !

En medio de estas disquisiciones, mi mirada se posó sobre un envoltorio a medio abrir que uno de los competidores había abandonado anteriormente. Por su extremo asomaba medio mordida una barra de chocolate de esas MARS rellenas de caramelo. Jamás habría comido algo así antes porque de solo pensarlo me hubieran dado vómitos. Pero ese chocolate a pesar de los incisivos marcados en él, se veía de lo mas apetecible, como el mejor manjar que uno pudiera imaginar. Creo que ha debido ser una de las veces en que mi instinto de supervivencia ha aflorado mas primitivo. Me lancé como poseido, y la emprendí a bocados contra aquel chocolate ya mordido como si fuera uno de esos hombres prehistóricos disputando la escasa comida al resto de la tribu. En esos momentos aunque hubiera llegado mi hermano o la virgen santísima, no lo hubiera compartido con nadie ! ! !

Desconozco el tiempo que permanecí en esa aislada banca, y lo que hice horas después. Creo que Carlos terminó la Maratón pasado un rato tras haber superado algunos problemas físicos que le impidieron rendir como había previsto inicialmente.

A los varios días nos entregaron el diploma de la prueba y como no podía ser de otro modo en el nombre del corredor apareció JAVIER REVUELTA, mi hermano inscrito. Lo miré y dije para mi, "primera y última vez" y lo metí con desdén para el olvido en un oscuro cajón. Que equivocado estaba.

No hubo mucho que esperar y el 16 de octubre de 1988, solo un año después, ya estaba completando en Donosti (San Sebastián) mi segunda Maratón. Pero esa ya es otra historia.

Hoy en día guardo con inmenso cariño y como uno de mis mayores tesoros ese "famoso" diploma y la foto de llegada de uno de los episodios que sin duda marcaron mi vida para siempre.







11 comentarios :

  1. Hola Fer!.

    Soy Alvaro de Salamanca.
    Me ha encantado leer la historia de tu primera maratón. Me parece "la leche" que pudieses acabar una maratón sin haber entrenado y corrido casi nada antes.
    Muchos ánimos para seguir escribiendo y para seguir corriendo

    Un abrazo paisano.

    Alvaro, Salamanca

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  2. Gracias Fer, por compartir tus recuerdos. Yo apenas puedo añadir nada más, sólo sé que abría la carrera un coche conducido por un tipo con los ojos vendados (supongo que sería con trampa), que era mi cuarta maratón y que tarde 4h 38, con un pajarón de aupa (1 h 20 más que en mi primera maraton). Siempre supimos que eras un campeón, desde que con cinco o seis años, te ponía a hacer contrarrelojs con la bici y en una de ellas te perdí en la carretera y te encontre luego caido en la cuneta. De auqellos polvos, vienen estos lodos. Sin duda siempre has tenido raza de campeón. Un abrazo
    Carlos

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  3. Gracias Carlos,

    No me tientes que un día de éstos pongo las fotos y la crónica de la última Maratón que corrimos en Donosti juntos y acabamos llorando todos como el Rosario de la Aurora ! ! !

    Eso del tipo vendando manejando te lo has inventado ! ! ! Te acuerdas de eso ???? Waooooo,...yo te juro que quitando esos 3 o 4 detalles lo demás lo tengo en una auténtica nube. Nunca volví a comer un MARS de esos, pero ese día fue el mas suculento manjar.

    Un besazo, tu hermano FER

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  4. Hola Fer, vivimos Ferias en Tafalla, acabo de llegar de casa de Riki donde hemos cenado maravillosamente mi esposa y un servidor.
    Estos días, Riki y amigos, aprovechamos las ferias para vender camisetas de *Península Solidaria* y así seguir engrosando fondos para esa causa tan maravillosa.
    No por ello Riki abandona sus éntrenos, pues esta mañana ya ha realizado un puñado de kilómetros y dentro de unas horas, a las 8,30 ya ha quedado con los del Club Tafalla para correr otro montón. Pero eso no le impide estar durante el resto del día detrás del stan vendiendo camisetas solidarias. Esta tarde yo le he acompañado, es una gozada ver lo que la gente le admira, pero lo más entrañable ahora es ver a todos los niños y niñas del pueblo gritar el popular ¡¡¡AUPA RIKIIII!!! cuando pasan por su lado.
    Esta tarde hemos hablado de ti, de tú blog, yo aun no había leído tú última entrada, algo que acabo de hacer nada más llegar, que quieres que te diga amigo, mi más absoluta admiración por la maravillosa historia que nos has regalado.
    No me extraña que guardes ese diploma como uno de tus mejores tesoros, es más, creo que deberías enmarcarlo y lucirlo en lugar visible para que tus ojos lo contemplaran a diario.
    Espero que no muy tarde nos cuentes como fue esa segunda maratón en Donosti, como la preparaste y que anécdotas viviste.
    Mi más absoluta admiración y enhorabuena Fer por regalarnos estos preciosos momentos de tú vida.

    Un abrazo para ti y para toda la familia de RUNNING IN PÁNAMA

    Kñi.

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  5. F.REVUELTA: tremenda historia... también te felicito por la novedad de la maratón en trillo, que estoy seguro que representará pronto una mayor atracción que la versión en carretera... lamentablemente no podré estar para hacer fotografía, espero poder estar en las próximas versiones... saludos...

    EVERGELC...

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  6. Fer, que excelente historia! Mi primera no fue tan trágica, más no menos improvisada. Te felicito por compartirla con nosotros.
    Carlitos

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  7. Bonita historia Fer. La primera maratón creo que siempre queda grabada en la mente.

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  8. casi algo parecido que yo nunca habia corrido mas de 17 kms y me meti en una maraton je je hasta hoy.ROBERTO TANCO

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  9. Tremenda historia, de verdad que gusto leerla, muy buenos tus escritos.

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  10. Javier Revuelta Méndez Ese año (1987) había debutado en maratón. Corrí en Valencia, Madrid y Lorca (Murcia). No pude correr la de mi patria chica porque me lesioné unas horas antes. Me golpeé una rodilla contra un banco en el centro de salud cuando estaba dando "novedades" al compañero que entraba de guardia. Ya estaba de camino hacia Valladolid. Seguí camino pero para ir al hospital de O Barco de Valdeorras donde me dijeron lo que ya sabía: si no puedes andar mal vas a hacer 42 km corriendo. Llevaba mese preparando la prueba. Tenía unas ilusiones locas por correr en casa. Estaba destrozado. Aquella noche un buen amigo (intentando animarme) me llevó a Ponferrada (con la pata tiesa) para ver una representación de"Bodas de sangre" de Lorca. Unas horas después un loco extraordinario (mi hermano pequeño), se colocó mi dorsal y sin encomendarse a Dios ni al diablo se presentó en la línea de salida.
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    Javier Revuelta Méndez
    Javier Revuelta Méndez En mi vida no he pasado de ser un modesto atleta popular, pero aquella maratón de Valladolid(hace ya 30 años) la corrí en plan campeón. Nunca la olvidaré. Gracias Nando. Un beso muy fuerte.
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